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HÁBITOS NEGATIVOS EN EL TRABAJO

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hábitos negativos, productividad y rendimientoNuestras costumbres nos definen, somos lo que hacemos y dicen quiénes somos y cómo actuamos. Se caracterizan por nuestras actitudes, es decir, nuestra predisposición a la hora de desempeñar nuestro cometido. Por ejemplo, llegar tarde al trabajo, ser irrespetuoso o trabajar con distracciones, no dicen nada bueno de nosotros.

Los hábitos negativos en el trabajo se reflejan a diario en todo tipo de organizaciones, constituyendo así la cultura organizativa de las mismas; por ese motivo es importante detectar y corregir las malas prácticas, ya que éstas repercuten en nuestra productividad y visión empresarial.

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Es tarea ardua corregir las rutinas negativas, no se realiza en un día. Es necesario ser constante y seguir unas pautas para modificar nuestras malas costumbres. Por ello, es vital organizar nuestro tiempo, tener un riguroso control del mismo y priorizar tareas de tal forma que podamos sacar el mayor beneficio en nuestro periodo de trabajo.

Éstos son algunos hábitos negativos en el trabajo que se desarrollan a la hora de realizar nuestro cometido:

No aprovechar el tiempo. ¿Estamos seguros de rendir al máximo? Malgastamos y desperdiciamos demasiadas horas en nuestro trabajo. Esto se traduce en una baja productividad y rendimiento de nuestra empresa.

No cumplir horarios establecidos. La impuntualidad puede convertirse en nuestro mayor enemigo. Llegar tarde al trabajo, prolongar el tiempo de las reuniones o salir cinco minutos antes, son claros ejemplos de malas prácticas que debemos cambiar, ya que demuestra cierta irresponsabilidad y falta de compromiso.

Ser negativo. ¡Ten cuidado con tu actitud! No tener un comportamiento proactivo en el trabajo nos perjudica a nosotros y a nuestro ambiente laboral. Hemos de ser positivos y entre todos construir una atmósfera cordial en la que todos los componentes de la empresa se sientan a gusto. Por ejemplo, las críticas a los compañeros repercuten en el ambiente y en las relaciones entre los mismos. Mezclar temas personales con laborales puede acarrear conflictos en tu ámbito profesional.

Malas relaciones profesionales. El engagement es un término acuñado y apropiado para estas situaciones, el compromiso y esfuerzo voluntario del empleado son claves para mejorar las relaciones laborales y la cultura organizacional. Un ambiente de trabajo cordial y la mejora de las relaciones profesionales hacen más sencilla la consecución de objetivos. No seas el “lobo solitario” de la empresa, mantén una relación afable con todos tus compañeros, sin depender del nivel en el que se trabaje.

hábitos negativos en el trabajo

El compromiso y realizar un trabajo en la misma dirección puede traducirse en un aumento de productividad. Si una relación profesional se deteriora demasiado, has de ser capaz de solucionarla, tanto por tu bien, como por el de la compañía. Para resolver estos problemas los directivos emplean la gamificación. Realizan actividades fuera del horario laboral para potenciar la motivación y el esfuerzo de los empleados. Por ejemplo algunas empresas realizan prácticas deportivas (fútbol, baloncesto, running, etc) y dinámicas de grupo para mejorar las relaciones entre éstos.

Mal uso de internet. Utilizar esta herramienta con fines personales hará que dejes de lado tu trabajo o que le prestes menos atención. Si tus jefes lo perciben podrían sancionarte. La adicción a las redes sociales puede ser un problema. Whatsapp, Facebook e Instagram son aplicaciones que te pueden quitar demasiado tiempo y provocar que no emplees la dedicación suficiente a las tareas que realmente tienes que realizar. Algunas empresas han tomado medidas para controlar o limitar el uso de las mismas, mientras que otros han bloqueado estos sitios por completo.

Modificar estos hábitos negativos en el trabajo no es tarea sencilla, como ya hemos comentado, requiere tiempo y paciencia. Es un trabajo rutinario, en el que debemos llevar un riguroso control y medición de resultados. Según Sergio Edú Valsania, docente del Máster Oficial en Dirección y Gestión de Personas de la Escuela de Negocios y Dirección, el principal hábito que tenemos que desarrollar es la positividad en el trabajo y dejar de ser negativos.

En la actividad profesional del día a día siempre hay dificultades, pero “es necesario verlas como algo habitual de lo que se puede aprender en lugar de quejarse”, afirma el docente. Otro mal hábito, derivado del anterior, es la mala costumbre de culpar siempre a factores externos (la empresa, los jefes o compañeros) de los errores o malos resultados, “no reconociendo la influencia de uno mismo y en consecuencia impidiendo la posibilidad de aprender de ello”. En su opinión, “es mucho más grave no aprender de los errores, que tenerlos”.

Claves para transformar los malos hábitos en positivos

Para desarrollar buenos hábitos, lo primero es ser consciente de que hay aspectos que hay que mejorar y acto seguido marcarse objetivos de mejora. ¿Qué hábitos concretos quiero mejorar?,  ¿qué nuevas conductas debo incorporar en mi actividad laboral y cuáles debo eliminar?

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Después es necesario concretar qué se va a hacer para mejorar, pues un objetivo sin un plan de mejora es sólo un deseo ¿Qué voy a hacer para mejorar?  Una vez definido el plan de mejora es necesaria la constancia, el trabajo diario y no rendirse. Las nuevas conductas pueden convertirse en hábito gracias a la repetición de las mismas en distintas situaciones del trabajo. Pero sin constancia, no hay nada que hacer.

Identificar los hábitos negativos en el trabajo. Averiguar y reconocer lo que estamos haciendo mal. Crear un inventario con nuestros principales errores. No intentes cambiar todos a la vez, prioriza los más importantes y apúntalos en una lista.

Elimina las malas prácticas. Cambia tu actitud y aptitud, corrige la metodología de trabajo. Realiza un exhaustivo control para no volver a cometer los mismos errores y medir tus progresos.

Date un incentivo. Debes proponerte a ti mismo una recompensa. Una vez logrado los objetivos establecidos premia tu buen trabajo, de tal forma que tengas una motivación para seguir haciéndolo bien.

Es necesario, siguiendo a Stephen R. Covey, establecer una buena planificación de la jornada laboral comenzando siempre por lo más difícil o que requiera más energía y dejando para el final  de la jornada las tareas más fáciles.

Además es necesario identificar cuáles son las actividades que no aportan valor a nuestra actividad profesional para eliminarlas por completo. Adicionalmente, los profesionales que ocupan posiciones directivas tienen que aprender a confiar en sus colaboradores y delegar aquellas tareas que no son especialmente importantes y que consumen un tiempo valioso que puede dedicarse a actividades de mayor valor estratégico. 

Pero es aquí cuando Sergio Edú Valsania quiere ser mucho más explícito: Delegar no es enmarronar. Delegar no significa que los colaboradores hagan las tareas más tediosas de los directivos. La buena delegación (y este sería otro de los hábitos importantes a desarrollar) supone desarrollar estructuras de trabajo que permitan optimizar el tiempo de los directores a la par que desarrollar las competencias profesionales de los colaboradores, no teniendo miedo a su éxito e invirtiendo tiempo y esfuerzo para formarles.

Cambiar todas estas malas costumbres favorece el desarrollo personal y empresarial, por lo que es de vital importancia identificarlas y transformarlas, consiguiendo un ambiente de trabajo eficaz y feliz.

Y tú, ¿te sientes identificado con algunas de estas prácticas? ¿Has pensado cómo corregirlas? ¿Mantienes una relación cordial con tus compañeros y/o empleados?

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