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​MIEDO AL FRACASO EN EL EMPRENDEDOR: ¿LASTRE O MOTIVACIÓN?

Temor emprendedor_enydVivir en el país del “te lo dije” y del “se veía venir” nunca ha sido fácil para los emprendedores. Aquí el fracaso es un estigma marcado a fuego y el éxito parece privilegio de unos pocos afortunados que poco o nada hicieron para merecerlo. De ahí que el miedo a la hora de emprender sea un factor tan determinante a la hora de comenzar un negocio.

En España la tasa de emprendimiento se sitúa en torno al 5%, según datos de la Comisión Europea. Es decir, que son pocos, y además valientes dada la escasa recompensa que les aguarda por su desempeño laboral. Las posibles trabas burocráticas no los amilanan, sobre todo en comparación al verdadero gran enemigo: el ojo público, la sociedad que examina cada paso en falso y que evalúa con desigual criterio a quién triunfa y a quién se equivoca en el duro camino empresarial.

Las cosas en Europa tampoco son muy diferentes. Según revela el informe GEM, tan solo el 8% de los ciudadanos de la Unión habrían decidido montar su propia empresa en 2013, cifra muy bajas sobre todo si tenemos en cuenta los índices que hay en países como Brasil (17,3%), China (14%) o Estados Unidos (12,7%). Basta con dar un paseo por la web para comprobar cómo algunos de los más grandes emprendedores fracasaron una y otra vez, algo que sin embargo no les desanimó en absoluto en el empeño por materializar su proyecto soñado. Entonces, ¿qué tiene el fracaso que inhibe tanto la capacidad para emprender en nuestro país?

Por encima de todo se trata de una cuestión cultural. Es fundamental redefinir el error y lo que este conlleva en nuestra cultura. Mientras en otros países el fracaso se percibe como catalizador de la motivación, aquí es símbolo inseparable del perdedor crónico, quién a su vez es objeto de burlas y de desconfianza por parte de todos. Pero nada más lejos de la realidad, el fracaso es didáctico, pues como bien dijo Winston Churchill “el éxito es aprender a ir de fracaso en fracaso sin desesperarse”. No hay que sacralizar el primer intento, el triunfo puede llegar después.

En segundo lugar, ha llegado la hora de redefinir también el concepto que tenemos del éxito. Hay que comenzar a valorar más el tesón, el esfuerzo, la audacia y la capacidad para enfrentarse a los problemas como aptitudes que ayudan a la hora de emprender, en vez de utilizarlas como armas ofensivas con las que atacar al que lo hace. En España resulta frecuente ver lanzar los dardos más envenenados a las personas que han alcanzado el éxito empresarial con sus propias manos: “ese es un caradura”, “todos los tontos tienen suerte”, etc., filosofía que hay que desterrar desde ya pues aparte de provocar gran perjuicio al bienestar general de la sociedad, impide el progreso de la misma. Por otro lado, idealizar el éxito en la empresa no asegura nada: hace falta muchísimo trabajo y darse de bruces con los obstáculos más duros para llegar al destino final. Y ese destino no siempre es el deseado inicialmente, lo que no tiene por qué ser negativo en absoluto.

En último lugar, cabría destinar un punto de reflexión a los tópicos establecidos en torno al emprendimiento. La sociedad española recela del hombre de negocios exitoso, y más en los tiempos que corren. Sin embargo el emprendedor también puede ser un zapatero, o el frutero de la esquina. Tampoco tiene porqué tener menos de 30 años, ni dedicarse a las nuevas tecnologías, a pesar delo que muchos piensan. Trabajar por cuenta propia a menudo significa luchar contra una serie de barreras culturales y estereotipos marcados que poco o nada tienen que ver con la realidad.

Y tú qué opinas, ¿es la frustración un lastre o una motivación para el emprendedor? ¡No dudes en compartir tu experiencia con nosotros!

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