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EMPRENDIMIENTO SOCIAL: COMPROMISO E INNOVACIÓN

enyd emprendimiento socialCambio climático, educación, inclusión social… Son algunas de las causas a las que las empresas dedican su tiempo y dinero. No se trata únicamente de crear imagen de marca o apelar a la sensibilidad del consumidor. La responsabilidad social corporativa y el emprendimiento social son la finalidad del negocio en sí mismas.

El período de dificultad económica que ha atravesado el país en los últimos años ha hecho que el emprendimiento se sitúe en el centro del sector empresarial y las finanzas. Muchos jóvenes, ante la perspectiva del exilio, han optado por crear su propia empresa y apostar por el producto nacional. Estos nuevos emprendedores son conscientes de determinadas necesidades y demandas de la sociedad actual y enfocan su negocio hacia ellas.

Mezclar el deseo de realizar una misión social con la idea de negocio no es imposible ni incompatible. El emprendimiento social se podría definir como la fusión de estos dos conceptos: el de ofrecer una solución innovadora a un problema socio-económico y el de estrategia empresarial o negocio.

Las empresas surgidas bajo este tipo de emprendimiento buscan cubrir unas necesidades sociales, económicas y culturales y así liderar el cambio y el desarrollo en las comunidades. Se prioriza el carácter social de la organización frente a la obtención de capital y beneficios. No han de confundirse con empresas públicas del sector estatal, ni con empresas privadas propias del sistema capitalista o con ONG´s.

El emprendimiento social no se caracteriza únicamente por la finalidad de la empresa sino por su forma de hacer las cosas. Muchas de estas empresas, como Soulem, que trabaja con mujeres en el sector de la iluminación, buscan reducir las desigualdades y promover la cohesión social mediante la contratación de personas en riesgo de exclusión social, ya sean inmigrantes, personas con discapacidad, etc. Por su parte, Change.org, co-fundada por el español Marcos Dimas, pretende resolver injusticias y llevar a cabo acciones éticas mediante el poder de internet y las redes sociales.

A pesar de que España lidera la lista de países europeos en emprendimiento, no lo hace en cuanto a lo social, pues tan sólo el 0,51% de la población adulta se propone iniciar negocios de esta índole. Los que sí lo hacen se caracterizan por un mayor grado de compromiso ético, menor miedo al fracaso financiero y la capacidad innovadora. Así mismo, la mayoría de emprendedores sociales tienen estudios medios o un título de formación profesional, frente a los estudios superiores de emprendedores habituales.

Lamentablemente, el índice de fracaso de este tipo de negocios es elevado. Las principales causas residen en que la propuesta de valor no está clara, los objetivos poco definidos o jerarquizados. No hay una buena definición del público objetivo o de la necesidad que se pretende cubrir. En la mayoría de los casos, el producto no termina de solucionar el problema, o se ha dado excesiva prioridad a lo social frente a lo económico. Uno de los errores más habituales es que el negocio no es escalable y por lo tanto hay poco espacio para el crecimiento.

También hay muchos casos de éxito que han contribuido a mejorar la calidad de vida de las personas. Handiway ofrece actividades de ocio y turismo adaptadas a personas con discapacidad, e Ictus Care es una app que facilita información para personas y familiares que han sufrido algún derrame cerebral. Por su parte, Smileat fabrica alimentos infantiles con materia prima española ecológica.

Los emprendedores sociales coinciden en que el gobierno y las instituciones deberían promover e incentivar más este tipo de empresas. Las medidas como la tarifa plana para autónomos que se dan de alta por primera vez o la bonificación a los que se incorporen a sociedades laborales o cooperativas van por el buen camino. El emprendimiento social demuestra que el desarrollo social no es incompatible con el crecimiento económico.

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